“Pitanzas le roban el sueño a Titirilquén” (El Alarmista)

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Esta es la crónica de cómo los habitantes de un pequeño pueblo cambiaron sus noches de miserables sueños por noches de miserables alarmas de pánico en manos de un bromista incomprendido.


Por Pequeño Tim, corresponsal de El Alarmista de Titirilquén

De día, Titirilquén se ve una ciudad cualquiera. En las mañanas las ratas buscan refugio debajo del puente que separa el centro de la ciudad con el camino a Montaña Bazofia. Los transeúntes se agolpan en las esquinas y don Eulogio Casto vende las mismas 230 sopaipillas de cada día en su pequeño emprendimiento. Los escolares suben a las micros amarillas que tarde mal y nunca se detienen por ellos, los vehículos no respetan los ceda el paso y nadie nunca mira hacia el cielo. En Titirilquén hay 3 semáforos, 5 boxeadores retirados, 61 bomberos, y, desde hace tres semanas, más de 457 llamados de un desconocido que cada noche interrumpe el descanso de los titirilquenses dejándolos en un estado de constante narcolepsia diurna.Todo comenzó como una broma. Una cruel jugarreta del destino que poco a poco se ha convertido en la pesadilla de todo un pueblo.

Cobardes Pitanzas

Ava Eva, madre de trillizos, apenas puede sostenerse en pie y eso que el reloj marca las 11 de la mañana. “La primera llamada me preguntó por una tal Sharon. Yo pregunté, ‘¿cuál Sharon?’ Y el tipo me dijo: ‘la que trabajaba como bombera y después la echaron’”. Yo me quedé sin conducta. Por el otro lado de la línea se escuchaban risas y una corneta y aullidos de perros. Desde esa noche que no duermo. Este desalmado no sólo me despierta a mí sino que a mis trillizos de 8 meses. Usted comprenderá que esto no es vida”, señala la mujer antes de quedarse dormida.

Así como ella, son muchos los que han visto alteradas sus noches de descanso. Policarpo Avendaño, destacado crítico de espectáculos, también es una de las víctimas. “Top top top top top top top… este tipo es un mequetrefe sin conciencia de la importancia del sueño en la vida. Mi pelo ha crecido sólo para volverse a caer”, sentencia mientras arregla su peluquín con disimulo.

El insigne ciudadano Joe Pino, abandona sus labores cotidianas de opinólogo para compartir con El Alarmista su experiencia: “Yo opino que las pitanzas provienen de una mente retorcida cuyo gran afán es arruinar uno de los momentos más importantes de la vida de las personas porque es justamente cuando caemos en los brazo de Morfeo que nuestro cuerpo realiza procesos de recuperación parasimpáticxtintoa que son los que permiten el perfecto funcionamiento de nuestro cerebro, que como todos sabemos, es el computador de nuestros cuerpos y que si no tiene un proceso de sueño de reparación, se traduce en una vigilia que pierde el sentido e incluso, puede llegar a perder la noción de la realidad, transformándonos así en verdaderos zombies y no títeres de lana y botones que somos. Eso opino”.

Huachimingo, el más grande coleccionador de pelusas, un ser que parecía extinto, es tal vez quien más problemas ha tenido a causa del desconocido ladrón de sueños. Es tal su nivel de estrés que ha perdido el catálogo de su colección y ha botado por error pelusas que sólo Dios sabía que existían.

Ni la fama exime a las víctimas de este desalmado. Juan Carlos Bodoque, periodista estrella, apenas puede tocar melodías tristes con su armónica desde el basural que habita. “Cada vez que me llama mis canciones se trasforman en un blues metálico, en una serie de acordes sin cadencia ni sentido. Si lo agarrara le partiría la cara”, señala entre una carrera de gallos y otra.

Darwin Escobedo, comisario de la policía, dice tener un sospechoso pero es cauto a la hora de nombrarlo. Dice que la fiscalía está haciendo su trabajo. Por el momento, y sobre la base de los antecedentes que maneja, afirma que: “se trataría de un ocioso”.

Las investigaciones de este reportero han ido más allá y agregan que sería de color naranjo.